Banega y Ocampos son una mina

Un gol de Lucas Ocampos, el 17º que marca esta temporada, mete al Sevilla en semifinales de su competición, la Europa League, después de un ejercicio de paciencia, fútbol de toque y resistencia que se acabó imponiendo al rudimentario pero muy bien ejecutado fútbol del Wolves. El equipo inglés tiene en su plantilla a nueve portugueses, incluido su entrenador, Nuno, pero practica la defensa baja y el kick and rush con la precisión que había en las islas hace 30 años, adobada ésta por no poca calidad. Casi le sale bien, o al menos comienza a salirle, porque falló un penalti que le hubiera puesto las cosas mucho más difíciles al equipo de LopeteguiLo paró Bono y luego el campo se inclinó siempre hacia abajo para los nervionenses, que se colocan en el penúltimo escalón hacia el título por sexta vez su historia. Espera el domingo el Manchester United, nada más y nada menos. En Colonia.

«Que no se mueva un varal», había arengado Monchi a través de las redes sociales horas después de eliminar a la Roma de manera brillante. Y Lopetegui le hizo caso. No tocó la alineación el entrenador vasco, que aunque en la previa avisaba de que los Wolves no se parecen en nada al equipo italiano, volvía a enfrentar una zaga de tres centrales. Pero ésta mucho más blindada, predispuesta a no tener el balón y acularse cerca de su portero cuando hiciera falta. Contra equipos así el Sevilla se ha sentido habitualmente incómodo esta temporada y le volvió a pasar.

El pivote holandés Dendoncker, una de las novedades del once inglés, perseguía a Banega hasta el bañoNavasOcampos y Reguilón apenas disponían de espacio para correr y al Sevilla le costaba una barbaridad hilvanar jugadas cerca de área rival. Tampoco es que el Wolverhampton, que no quería la pelota, creara demasiado peligro… para vaya el que creó: nada menos que un penalti. Adama tocó poco el balón pero cuando lo hizo resultó casi imparable. A los 10 minutos montó una galopada tremenda desde su propio campo y Diego Carlos no tuvo más remedio que derribarle cuando encaraba a Bono. El portero marroquí justificó su nueva titularidad, aunque Vaclik se encuentre ya recuperado desde hace semanas. Bono le aguantó la paradinha a Raúl Jiménez y, ojo, provocó el primer fallo del delantero mexicano desde los 11 metros en toda su carrera profesional de clubes. Sólo había errado uno antes, de 27 lanzamientos, y había sido con su selección.

La vida extra tampoco espoleó lo suficiente a un Sevilla que había salido alobado, que casi nunca se pareció al que maravilló en los octavos. No lo suficiente como para inquietar a menudo a Rui Patricio. Algún tiro aislado de Suso, un chut de Ocampos, incómodo en el campo, que se marchó cerca del poste y varios saques de esquina sin ni siquiera remate fueron lo que alumbró a los de Nervión, que se marcharon al vestuario con la felicidad del fallo rival desde el punto de penalti.

Le costaba al Sevilla encontrar una rendija también en la segunda mitad pero lo consiguió Ocampos. Pero a Jordán, que debía rematar a gol su pase de la muerte, le robó la cartera Dendoncker. El catalán se lamentaba de no haber protegido su disparo en una semiocasión muy clara de gol. En Nesiry, poco después, se bloqueó tras una gran jugada delante del portero. Tampoco Koundé acercó a rematar entre los tres palos un buen centro templado por Suso.

Banega ponía a prueba a Rui Patricio en una falta frontal que le salió demasiado centrada. Se había metido ya descaradamente en su redil hacía mucho tiempo el Wolverhampton, que seguía relativamente cómodo y aguardaba una ocasión de morder en una pelota larga, una contra, un balón al área… El que marcó de cabeza así, sin embargo, fue el Sevilla. Banega avistó el punto de penalti y allí encontró a Ocampos, su compañero de barbacoa, que peinó lo suficiente como para que entrara después de botar, como mandan los cánones del cabezazo. Ya no quedó tiempo para nada.

Imposible a la vista

Confluencia de los ríos Rin y Ruhr, escenario estratégico y hábitat por el que han peleado un sinfín de pueblos desde la antigüedad, la alemana ciudad de Duisburgo se convierte en el lugar idóneo para un partido en campo neutral como éste de octavos que nos deja la Europa League del COVID. Ni siquiera el escenario da pistas y los apostantes cabecean desesperados: el Sevilla no perdió en 11 partidos desde que volvió del confinamiento y la Roma suma siete triunfos y una igualada (en el campo del Inter) en sus últimos ocho encuentros (sigue el partido en directo en AS.com). Hasta en lo de las bajas hay variables coincidentes. A Lopetegui le falta Gudelj por coronavirus y Fernando, el otro medio defensivo, ha arrastrado en los últimos tiempos molestias de rodilla. En la Roma, Pellegrini sigue convaleciente de una operación de nariz. Fonseca lamenta la baja segura del francés Veretout, sancionado, y del central inglés Smalling, al que el United no quiso prolongar la cesión.

La historia no miente: el Sevilla acabó por ganar la Europa League siempre que alcanzó al menos los cuartos de final: 2006, 2007, 2014, 2015 y 2016. La Roma se convierte así en el peaje de una autopista hacia la gloria, aunque el coronavirus haya convertido el contexto en más extraño que nunca. Los de Lopetegui llevan casi dos semanas sin competir mientras su rival llega al duelo rodado, cinco días después de terminar el Calcio. Se añade, además, la enrarecida situación institucional por esas locas ansias de poder de José María del Nido… Mucho está en contra. Y quizá eso no sea del todo malo.

Porque el equipo de la casta y el coraje ha construido su leyenda continental sobre un maravilloso cúmulo de imposibles. El gol de Puerta; el cabezazo de Palop; el Mbiazo en Mestalla; el Gameirazo en San Petersburgo; los penaltis del Villamarín; la tanda que derrotó al Benfica en Turín, el renacimiento ante el Liverpool… ¿Qué miedo puede dar entonces que antes de entrar al campo te tomen la temperatura?

Kahveci: «Siempre he soñado con jugar en el Atlético o el Sevilla»

Monchi anda a la búsqueda de un sustituto (o tal vez más de uno) para Éver Banega y uno de los nombres por los que ha negociado y sigue teniendo sobre la mesa el Sevilla es el turco Irfan Can Kahveci, de 25 años, que acaba de proclamarse campeón de Turquía con el Basaksehir de Estambul. El centrocampista, internacional por su país, tiene muchas ganas de recalar en el Sánchez Pizjuán aunque hay otros jugadores en la agenda blanquirroja, como los mediáticos Dani Parejo e Ivan Rakitic y el francés Maxime López, del Marsella.

Pero Kahveci no oculta su deseo y revela que también le gusta el Atlético de Madrid desde hace tiempo: «La noticia ha salido. Cuando hablaba con mi esposa y amigos el año pasado, siempre soñaba con equipos como el Sevilla o el Atlético de Madrid. Jugamos en la Champions contra el Sevilla, me gustó mucho la ciudad. Espero estar allí. Estamos interesados y estamos hablando, es una de mis prioridades en Europa», confesó en TRTSpor.

Las últimas informaciones provenientes desde el país otomano afirman que el fichaje podría cerrarse por unos 11 millones de euros, cantidad sobre la que negociaría el Sevilla también, o incluso algo menos, la llegada de Maxime López. El francés, de hecho, tiene solamente un año más de contrato mientras Kahveci no concluye su vinculación con el Basaksehir hasta junio de 2024.

Europa les hace felices

Europa hace tan felices a clubes como Athletic y Sevilla que no ven el momento de acabar esta temporada y empezar con las batallas por el continente. A los hispalenses, reyes de la Europa League, tanto título les ha dado fama mundial. Al cuadro bilbaíno se le han atragantado dos finales, pero su heráldica va muy asociada con la UEFA.

San Mamés alberga, por lo tanto, una cita nocturna, casi con aroma discotequero, con deberes europeos en ambos frentes, los de los locales para seguir apurando sus opciones de lograr un billete para la Europa League, que tiene a tres puntos, y los visitantes para apuntalar definitivamente el puesto de Champions (sigue el partido en directo en As.com).

El estadio descansa cerca de la Ría, con la Gabarra a sus pies. La barcaza va a ser restaurada por si el equipo gana la Copa. San Mamés todavía se frota los ojos con los errores del VAR el domingo ante el Madrid. El personal anda indignado, pero a puerta cerrada todo pasa desapercibido. Lo más probable es que Garitano siga echando mano de su bloque titular, al que sólo ha dado descanso tras el parón por la pandemia en el Camp Nou. A éste llegó casi exhausto por ser el cuarto choque en diez días. Eso sí, tiene las bajas del sancionado Raúl García y del lesionado Yeray. Núñez saldrá por este último y en la mediapunta por el centrocampista navarro podría figurar Sancet, dejando a Williams de nueve y De Marcos como extremo derecho. Beñat se cuela por segunda vez tras el regreso de la competición.

El Sevilla llega con la moral por las nubes por cómo se ganó al Eibar pero también con el equipo muy agotado. Le acredita su récord de partidos seguidos invicto en LaLiga, con once, pero hace bastante que no gana en San Mamés. La diferencia en la aportación entre los teóricos titulares y los suplentes es abismal y eso se nota. Si van los actores principales, suelen caerse sobre el minuto 70 y si pone a muchos suplentes de inicio, como hizo en Villarreal y tiene pinta que hará hoy, el equipo no carbura y tiene que cambiarlo todo al descanso. Las opciones pasan por la inspiración de Navas y Ocampos.