Mario Suárez, positivo en COVID

Mario Suárez es positivo en coronavirus. Así lo ha anunciado este lunes el mismo jugador a través de sus redes sociales, después de su ausencia en las pruebas médicas del Rayo. El centrocampista y uno de los capitanes de la Franja lo explicó en un vídeo: «Quería deciros que, desde hace unos días, soy positivo en COVID-19 y que me encuentro bien, no tengo ningún síntoma y estoy aislado«.

Además, Mario Suárez confirmó que tanto su esposa, Malena Costa, como sus hijos están bien. «Ahora lo que toca es esperar a las indicaciones de los médicos para volver a realizarme otro test y poder hacer vida normal lo antes posible. Es una faena porque tenía cita para vacunarme ayer —domingo 11—, pero son cosas que pasan. Os mando un fuerte abrazo y cuidaros mucho», afirmó el pivote.

Mario Suárez, que la pasada campaña disputó 1.008 minutos en Liga repartidos en 29 partidos —once de ellos como titular— y marcó dos goles (Mirandés y Alcorcón), se une a la lista de jugadores de la Franja que han pasado el coronavirus. La temporada anterior ya lo hicieron público algunos como Dimitrievski, Trejo, Mario Hernández o Isi Palazón, aunque han sido más quienes han superado dicho contratiempo.

Más problemas en ataque para Iraola: Bebé, duda para el derbi

 

Las alarmas saltaron en el minuto 86 del Rayo-Leganés. Bebé no pudo terminar el partido por unas molestias en los isquiotibiales. Un contratiempo para el técnico franjirrojo, Andoni Iraola, que perdía a uno de sus futbolistas más determinantes en este tramo final de la temporada. Las pruebas médicas y su evolución a lo largo de estos días tendrán la última palabra, pero la presencia del extremo portugués en Fuenlabrada está en el aire.

«Al final lo de Bebé es una duda entre cansancio, que se te sube el isquio… Creo que puede haber algo ahí. Debemos esperar a la resonancia. No es un jugador que haya tenido muchas lesiones musculares. Tampoco está claro si se ha lesionado o no, pero a nada que tenga será complicado que pueda estar en Fuenlabrada«, comentó Iraola justo al término del encuentro de Vallecas.

De confirmarse su ausencia, ésta sería una malísima noticia para el equipo, dado que Bebé estaba siendo su jugador más en forma. A sus cuatro goles (Las Palmas, Zaragoza, Almería y Albacete) y dos asistencias (Mallorca y Alcorcón) se unen otras cualidades como la velocidad, la potencia y la determinación, algo que le ha hecho comandar las ofensivas franjirrojas en las últimas semanas y ser uno de los efectivos que más remata a portería.

De ahí que el extremo sea una de las grandes bazas del Rayo en ataque. Más ahora, si cabe, con las dificultades que están encontrando los vallecanos para marcar. Sólo han conseguido tres goles en los cinco últimos choques. Otra ausencia arriba —esta sí será segura hasta final de curso— es la de Joni Montiel. El canterano sufre un esguince de rodilla, tal y como confirmó el entrenador vasco.

El goal average, un ‘problema’ en la dura lucha por el playoff

En un final de Liga apretado, cuantos más detalles se tengan controlados y a favor, mejor. El Girona puede estar tranquilo con que, actualmente, la dinámica de resultados (ha sumado 19 de los últimos 24 puntos) y su posición en la tabla (sexto) le sonríen y permiten ocupar un puesto de playoff, pero hay un ‘problema’: llegar a la última jornada empatado a puntos con alguno de sus rivales directos le perjudicaría. La explicación es clara porque tiene el goal average en contra con Almería, Leganés, Sporting y Rayo. De ahí la importancia de seguir por la buena senda y evitar tropiezos que le hagan sacar la calculadora. Porque esta, en caso de empate a puntos, no le mostraría un resultado positivo.

El Girona está viviendo, pese a que ahora mismo está estable y eufórico, una temporada de altibajos y los momentos menos buenos del curso han coincidido con los tramos en los que se han enfrentado a los equipos que ahora son rivales directos. Es más, teniendo en cuenta los resultados ante Almería, Leganés, Sporting y Rayo Vallecano, los gerundenses tan sólo han festejado un triunfo en siete encuentros. Fue ante el Leganés (0-1), en el inicio de Liga. El resto de duelos se cuentan con desilusión porque en la segunda vuelta ante el conjunto pepinero, en Montilivi, cayeron 0-2 y el contra Almería (0-0 y 0-1) y Rayo (0-0 y 2-1) sólo fueron capaces de sumar un punto de seis posibles. Eso sí, aún hay tiempo de recortar terreno en esta lucha por el goal average porque el Sporting ha de visitar al Girona en Montilivi. Se trata de un duelo marcado en rojo por los rojiblancos porque los asturianos, quintos, tan sólo les aventajan en un punto. En la primera vuelta, los gerundenses cayeron 2-0 y ello le hace tener que remar mucho para darle la vuelta al goal average. Eso sí, tras el Girona-Sporting, tan sólo restarán tres partidos para el final de Liga y los gerundenses seguramente firmarían vencer y no tenerlo a favor.

Pese a que el goal average no sonría al Girona ante sus rivales directos en la lucha por el playoff, los rojiblancos saben que dependen de sí mismos para acabar el curso entre los seis mejores equipos de Segunda y disputar el playoff de ascenso. Actualmente son sextos, con un punto más que el Rayo, séptimo, y no dejan de mirar hacia arriba porque, por ejemplo, el Almería, tercero, lo vislumbran a cinco puntos. Restan cinco jornadas por disputarse y cada triunfo vale oro porque no sólo te acerca al objetivo, sino que suma presión a tus rivales directos. El Girona tiene claro su camino hacia el objetivo y este domingo sigue contra el Logroñés. El calendario del bloque rojiblanco no les dará un respiro porque después se enfrentarán a Sporting, Málaga, Alcorcón y acabarán la Liga en Cartagena. Toca remar para llegar vivo a tierra firme.

Luca Zidane: «¿El Real Madrid? Lo tengo en el horizonte, pero ahora pienso en trabajar, aprender…»

Luca Zidane llegó el pasado verano a Vallecas, pero no fue hasta la decimosexta jornada, a raíz de la expulsión y la posterior sanción a Dimitrievski, cuando disfrutó de su gran oportunidad. El cancerbero, de 22 años, se asentó bajo palos y presentó su candidatura al once, algo que le llevó a alternarse en la portería con el normacedonio. Ahora que Dimi ha recuperado la titularidad, Luca promete trabajo para intentar seguir sumando partidos a los ocho disputados esta temporada.

«En Santander tuve la suerte de jugar más, pero en el Rayo estoy contento. Me ha sorprendido su hambre de querer volver a Primera«, confesó Luca durante una entrevista para ‘El Transistor’ de Onda Cero, donde se sinceró sobre el pasado, el presente y el futuro: «¿El Madrid, el Marsella o la selección francesa? Los tengo en el horizonte, pero no hay que pensar en eso ahora sino en trabajar, aprender, equivocarse… en un futuro ya se verá. Claro que son clubes grandes y que sería bonito estar ahí».

También Luca mostró su lado más personal, desvelando quién le llevó a ser guardameta. «Mi hermano mayor Enzo es quien me ponía ahí cuando jugábamos en casa y, como yo era el pequeño, no tenía mucho que decir. Me gustaba y no se me daba tan mal», bromeó. Además, apuntó a la figura de Iker Casillas como referente: «Siempre me ha gustado. Estando con el Cadete A me subieron a entrenar, pero él no se ejercitó porque era el día posterior a un partido. Estaba por allí y hablé con él. Recuerdo que era buena persona«.

Además, Luca explicó cómo ha vivido el peso de su apellido Zidane a lo largo de su carrera e incluso de su vida personal. «Estoy orgulloso de tener este apellido, pero hay muchos prejuicios. Cuando llegas a los sitios tienen una imagen mala de ti, de que llegas agrandado… Estoy acostumbrado a eso, siempre ha sido así, toda mi vida. Como me ha pasado en el Rayo, a lo mejor tenían prejuicios cuando llegué, pero luego han visto la persona que soy: trabajadora y humilde«, admitió.

Y en esa evolución le acompaña la figura de Adolfo Madrid, su entrenador personal —también el de Marcos Llorente y Marcelo—, con quien trabaja «tres o cuatro veces a la semana».  Luca tiene las cosas claras y también sus objetivos: «Busco crecer como futbolista para llegar lo más arriba posible. El campo es igual en el Real Madrid que en el Rayo y cuando estás sobre él sólo vale demostrar». Precisamente, sobre el verde, una de sus grandes cualidades es su juego con los pies: «En la cantera madridista le daban importancia a eso. El portero es un jugador más y da la superioridad en la salida de balón. Te da más que te quita«.

Un Rayo de altos vuelos

El Rayo hizo pleno en Santo Domingo. Tres de tres. Todos sus goles al Alcorcón llegaron de cabeza y dos de ellos a balón parado, por lo que los vallecanos progresan adecuadamente en una de sus asignaturas pendientes. Mario Suárez fue el encargado de abrir el marcador, rematando un libre directo botado por Bebé. Posteriormente, Qasmi voló de forma casi acrobática para cazar un potente centro de Advíncula. Y remató la faena Isi Palazón, a la salida de un saque de esquina. Esos tres testarazos se tradujeron en tres puntos vitales para mantener su sexta plaza.

Gracias al derbi, el Rayo ha entrado en el podio de los equipos de Segunda que más marcan con la cabeza. El Málaga es quien más lo hace, con nueve dianas; seguido por el Espanyol, con ocho. Ya con siete se sitúan los franjirrojos, acompañados por Almería, Castellón, Oviedo y Zaragoza. Pero el caso de los vallecanos es excepcional porque este tipo de tantos está siendo algo coral. Mario Suárez, Guerrero, Isi, Antoñín, Qasmi, Comesaña y Andrés Martín se los han repartido, hasta el punto de que ninguno ha repetido. Hay siete goleadores distintos.

Este Rayo de altos vuelos comienza a ser habitual. Y es que lo de Alcorcón no fue un hecho aislado. Ni mucho menos. Así fue como Guerrero logró empatar el partido contra la Ponferradina, por lo que cuatro de las ocho últimas dianas de la Franja (50%) han llegado de la testa. Poco a poco, los vallecanos se van acercando al registro de la pasada temporada, en la que alcanzaron las catorce. Entonces, Saveljich se llevó la palma con tres tantos, secundado por Catena, Mario Suárez y Ulloa con dos ‘por cabeza’. Nunca mejor dicho…

El Rayo deja con vida al Girona en un duelo vistoso, pero sin gol

El Rayo Vallecano dejó con vida al Girona y es que, pese a ser tremendamente superior en el inicio del partido, se olvidó de marcar en Montilivi. Los rojiblancos supieron aguantar el chaparrón y aunque mejoraron en la segunda mitad tampoco inquietaron en exceso a Luca Zidane. Pese a la ausencia de goles, el partido estuvo entretenido y deja a ambos conjuntos en una situación idéntica en la tabla con 28 puntos. Eso sí, son los rayistas, sextos, los que pisan los puestos de playoff de ascenso.

Que el partido finalizara 0-0 fue algo inimaginable porque si en los primeros ocho minutos, el Rayo Vallecano se hubiera colocado 0-3 en el marcador a nadie le habría sorprendido. Es más, hizo muchísimos méritos para ello. Atropelló al Girona porque a los 17 segundos, Calavera estuvo a punto de marcarse en propia puerta, el balón se topó con el palo, y Álvaro dispuso después de ocasiones tremendamente claras. La del minuto 9 obligó, especialmente, a Juan Carlos a vestirse de salvador porque el extremo rayista tiró casi a puerta vacía.

Este inicio cogió al equipo de Francisco a contrapié y no logró despertar hasta entrado el minuto 20. Hasta entonces tuvo que sufrir, y mucho, pero logró mantenerse, de milagro, intacto. Eso sí, pese a que el Rayo no pudo aguantar ese ritmo trepidante, Trejo siguió haciendo suyo el partido. El medio bailó a sus anchas y controló el tempo. El duelo estaba bonito, ágil y en el 30’ se vivió un intenso intercambio de golpes. Juan Carlos siguió desquiciando a Álvaro y Sylla logró pisar el área con insistencia. Samu Saiz también se dejó ver un poco y el Girona lo agradeció, aunque faltó acierto en los últimos metros.

Ya en la segunda mitad, las apariciones de Cristóforo y Yan Couto dieron oxígeno al Girona y fue a más. Controló la posesión y dispuso de buenas ocasiones. En el 54’, tras un gran centro de Yan Couto, Stuani, en una de las que no acostumbra a perdonar, cabeceó mal y el balón se marchó fuera. Y, en el 59’, tuvo que aparecer Luca para desviar un buen tiro de Monchu. Eso sí, el ritmo era muy distinto al de la primera mitad, más parsimonioso y con menos verticalidad, y con el paso de los minutos, el miedo a perder provocó que se tomaran muchos menos riesgos. El punto pareció contentar a ambos y así se firmó.